¿Pintura contemporánea?

¿Ha muerto la pintura?

Lo primero, sería definir ¿qué es contemporáneo, a?, y lo mejor para salir de dudas es acudir a la R.A.E. Podemos leer entre las definiciones de este adjetivo calificativo que, la acepción “contemporáneo, a”, hace referencia a: “Aquello perteneciente o relativo al tiempo o época en que se vive.”

Bien, según esta definición, toda obra que se produce en su tiempo es contemporánea, y esto nos sitúa lejos de la idea de contemporaneidad que imponen las élites en el sector del Arte.

Si ninguna obra producida en su tiempo puede dejar de ser considerada como tal, ¿cómo es posible que la pintura brille por su ausencia en las exposiciones de arte contemporáneo?, ¿dónde ha quedado la pintura?, ¿a quién preguntar?

En un mundo donde los críticos de arte han perdido su relevancia, lo que no es de extrañar ante la falta de una crítica honesta. Los críticos que han quedado están relegados a dar cuenta del calendario expositivo en los grandes medios de comunicación tradicional.

Todas aquellas relevantes figuras han venido a ser sustituidas a día de hoy por los famosos curadores del arte contemporáneo. (Lo de curadores debe ser porque el Arte está herido.)

En la actualidad, los famosos curadores gozan de un estatus de estrellas en el mundo de arte. Un estatus que les posiciona a la misma altura que los artistas, dado que son ellos quienes deciden lo qué es arte y lo qué no lo es.

Pero volvamos a la pintura y la razón de su desaparición en el escenario del arte contemporáneo. Todo parte de la idea de que el arte es un proceso que evoluciona con el pensamiento, el desarrollo tecnológico, y la sociedad de su tiempo.

Así, la pintura es un procedimiento antiguo, y un cuadro es el objeto final depositario de bien llamado arte. Pero, el cuadro es un producto viejo, y se supone que el arte ha evolucionado con lo que este soporte ya no es un soporte válido para el arte contemporáneo. Pensando mucho, estos eruditos del arte han decidido que lo mejor para todos es que desaparezca.

Aquellos que deciden, qué es arte, y qué no lo es, tiene clara la idea de que el objeto debe desaparecer, desean que el nuevo arte sea una experiencia inclusiva del sujeto dentro de la obra que propone el artista. Esta idea de evolución del arte hace desaparecer al objeto y llena los espacios de exhibición con lo que conocemos como instalaciones.

Generalmente, estas brillantes propuestas están repletas de objetos encontrados dispuestos en un orden misterioso por el espacio expositivo. Este nuevo orden propuesto un artista que ahora está dotado de poderes chamánicos otorga a todos los objetos de una nueva significación al desposeerlos de sus atributos semánticos y convertirlos en arte.

Y aunque la pretensión de todas estas mentes brillantes es la desaparición del arte en cuanto a la posibilidad de ser contenido e identificado en un objeto, continuamos en ese callejón sin salida que es la necesidad de un objeto final con el que poder comerciar.

Como el talento y el conocimiento de las técnicas tradicionales no tiene ninguna relevancia en el panorama del arte contemporáneo, el objetivo de todas estas mentes brillantes persiste, y continúan posicionando a los espectadores en el centro de salas vacías como máxima expresión artística de la contemporaneidad.

La nada es a lo que el arte se verá reducido, dado que los espacios son habitados por el arte de la mentira y el vacío absoluto.

El experimento se repite se sin mucho éxito por los cinco continentes. A ver si suena la flauta, y el espectador sale creyendo que ha tenido una experiencia artística en lugar de salir con cara de que le han tomado el pelo.

La idea de eliminar todo objeto y centrarse en una la experiencia sensorial envolvente, es un “troleo” como los tarros de mierda de artista de Piero Manzoni, pero sin tarros de mierda.

Porque al final, este arte de los ricos se reduce a demostrar que la mierda del tarro eres tú. Tú, que has pagado por entrar a una sala vacía o llena de objetos que carecen de sentido, de contenido, de discurso real, de inteligencia, y sobre todo, una sala vacía de arte.

Aunque, a buen seguro, con tu entrada te den un folleto que nunca entenderás, lleno de “palabros” dispuesto de tal manera que no digan absolutamente nada, y que quieren demostrar lo tonto que eres si te atreves a comentar que no entendiste lo leído.

Lo peor es que los artistas en su afán de integrarse en el sector del arte contemporáneo dotan a sus trabajos de discursos igual de yermos que los de sus estrellas los curadores, quieren parecer igual de inteligentes que ellos. Lamentablemente muchos de esos discursos sólo producen las risas y las burlas de aquellos a quienes intentan agradar, pero ellos continuan intentándolo.

La idea de que esta es la verdadera evolución del arte convierte a la pintura en mera artesanía, y la artesanía es algo que nada tiene que ver con el arte contemporáneo. Y esta es la razón por la que cada vez veremos menos pintura en los espacios dedicados al Arte Contemporáneo.

Esto también nos explica porque muchos pintores están abandonado su adscripción al termino pintor y se pasan al termino ilustrador. Es una forma de profesionalizar la actividad sin sentirse menospreciados por ello.

Pero por mucho que estos cerebritos se esfuercen en hacernos creer que la pintura está muerta, los que están muertos son ellos. Ellos saben bien que sólo son los bufones de un grupo de snobs que no saben que hacer con el dinero, y se divierten compitiendo entre ellos a ver quien la tiene más grande comprando el próximo sin sentido.

Mientras nos intentan convencer de que toda la basura que producen es ARTE, todos aquellos artistas que se enriquecen dentro del sistema del arte contemporáneo continúan comprando pintura clásica para sus colecciones personales. ¿Cual será la razón?

Mi recomendación, continúen pintando, la pintura está más viva que nunca.